SIMBOLISMO
DEL USO MELODICO Y ORQUESTAL EN LA “GRANDE
MESSE DES MORTS OP. 5” DE HECTOR BERLIOZ Agustín Charles Soler
Trabajo sobre el simbolismo y la orquestación empleada en la obra de H. Berlioz,Article on the symbolism and orchestration in the work of H. Berlioz,
© 2000 Agustí
Charles Soler
Buena parte de los estudios sobre Berlioz y su música hacen hincapié
en que éste tenía como objetivo “hacer
música simbólica de imágenes y concepciones que pueden ser expresadas con palabras”,[1]
y,
de hecho, “sus pseudo-sinfonías fueron
acompañadas por un elaborado texto expositivo, como un corriente comentario
de la música”[2].
Nuestro objetivo será pues, el de mostrar la relación del lenguaje musical empleado
con respecto al texto, así como las deficiencias concretas de su autorrelación.
Con ello pretendemos mostrar además su relación con orquestación utilizada,
y lo que esta tiene que ver con el contenido del texto, elementos que forman
entre sí un todo indivisible, lo que ha convertido al Réquiem
en referencia ineludible a la hora de abordar cualquier trabajo serio
sobre la evolución orquestal. Por tanto, uniremos ambos esfuerzos en uno, con
tal de entender la trama de autorrelación lingüística de la obra junto a su
significación, tanto musical como artística. Para ello dividiremos el trabajo
en varias partes:
1.-
Breve exposición contextual.
2.-
La orquesta utilizada y las versiones existentes de la partitura.
3.-
Relación entre música y palabra.
4.-
Planificación armónica de la obra y sentido litúrgico.
Nuestro objetivo principal es pues, el de adentrarnos en la obra para
entender con ello su lenguaje y propósito expresivo, por lo que sabemos ya de
antemano, que determinados aspectos biográficos y contextuales quedarán marginados
en este trabajo, si bien no por ello merecen estudio aparte.
BREVE
EXPOSICION CONTEXTUAL
BERLIOZ EN EL ROMANTICISMO
La música de Berlioz
(1803-1869) es un paradigma entre las de su época. Amante de Gluk y Spontini,
su música se aleja de la práctica habitual en la música francesa de su tiempo,
y se arraiga más a la música romántica Alemana del mismo período. A pesar de
todo, Berlioz no es un músico romántico - en el sentido literal del término
-, ya que el “ romanticismo tuvo características
nórdicas y góticas, y supuso una incursión a lo borroso, lo místico, lo misterioso
[…]., y su experiencia más honda [Berlioz] la
tuvo en Italia […]”[3].
Berlioz es un romántico en el sentido de ser “artista
individual”, lo que comportaba un distanciamiento con respecto al gusto
del público, algo que se abriría brecha en Beethoven y se iría incrementando
a partir de la segunda mitad del siglo XIX[4].
Sin embargo, contrariamente a los compositores románticos alemanes, su
lenguaje expresivo era austero - a menudo fue criticado por ello en su tiempo
-, si bien su sabiduría orquestal jamás fue discutida. Las innovaciones orquestales
de Berlioz fueron cuantiosas, y de ellas bebió buena parte de la música romántica
e impresionista posterior. Su música se asemeja más a la romántica Alemana posterior
a su tiempo que a la de su propio país, de lo cual se hizo eco su divulgación,
siendo su obra repudiada en Francia y alabada en Alemania, valga por ello la
afirmación que hace en una de sus cartas “esos excelentes artistas alemanes[5]
que me han prodigado una acogida tan afable y que me han dado tantas
pruebas de deferencia y solicitud!”.[6]
LA RELIGION EN TIEMPOS DE BERLIOZ
La revolución Francesa de 1789 originó un gran número de reorganizaciones
eclesiásticas en Francia que provocó en 1792 las matanzas de sacerdotes y las
deportaciones en masa, debido a la negación de ratificar el tratado en el que
los Obispos debían ser elegidos por el pueblo.
La revolución no fue por otra parte “nada
indulgente con su propia creación, la Iglesia constitucional. La despojó de
todos sus cálices, de todas sus imágenes y pinturas, prohibió la vestidura talar,
se injirió en la liturgia, abolió el celibato del clero […] se instituyó, en
lugar del catolicismo, el culto de la razón en el altar mayor de la catedral
de París (1793)”[7].
Más tarde en 1802, Napoleón publicó el concordato en que aparecían las viejas
reivindicaciones de los teólogos franceses, limitando el ejercicio de la autoridad
papal en Francia. Las pequeñas revoluciones que siguieron a partir de 1830,
no hicieron más que empeorar esta situación. Este ambiente propicio la desconfianza
en la iglesia, e hizo mella en las creencias religiosas del pueblo francés.
Es por tanto, natural, que un estudiante de la época como Berlioz fuera enormemente
crítico con ella, de lo cual se resiente sin duda su música, como más tarde
podremos observar.
LA CREACION DEL RÉQUIEM Y SU ESTRENO
Berlioz no era creyente, por lo que el escribir un Réquiem no era para
el una cuestión de fe, y eso se plasma en la audición de la obra. La composición
del Réquiem se debió a un encargo
del gobierno francés y, en concreto, se realizó por el favor del hijo del ministro
de Interior - amigo suyo -, Gasparin, en 1837, pero su abandono del ministerio
y la posterior ocupación de su cargo con otra persona al frente - Berlioz no
nombra sus nombre en sus memorias -
provocó que el encargo se demorara. En ello contribuyó Cherubini, que
indirectamente pretendía que fuera una de sus Misas de Réquiem la que se utilizara
en la ceremonia, lo que provocó una discusión acalorada entre ambos que perduró
hasta su muerte. Por su realización debería recibir 3000 francos[8]
, pero los ensayos que se precisaron para su preparación y, el posterior retraso
de su pago provocaron ciertos problemas económicos que, sin embargo,
se solventaron más tarde, cuando el ministro de la guerra encontró un
emplazamiento para la obra, en la conmemoración de la muerte del general Danrémont.
En esta nueva ubicación se le promete que se le pagará, y podrá fijar
las condiciones para el montaje de la obra. Sin embargo, él no lo dirigiría,
ya que el director “oficial” encargado
de dirigir las grandes celebraciones musicales de tipo oficial era Habeneck,
un director de la época. Las mayores dificultades aparecieron, sin embargo,
en la ejecución de la obra, ya que justo en el momento de la entrada
del Tuba mirum, “Habeneck
baja su batuta, saca tranquilamente su tabaquera y se dispone a tomar una pulgarada
de tabaco. Yo [Berlioz] estaba siempre alerta a su lado; al instante giro rápidamente
sobre un talón, y colocándome delante suyo, extiendo mi brazo y marco los cuatros
grandes tiempos del nuevo movimiento […] Habeneck vio salvado el Tuba mirum,
me dijo: Qué sudor frío he tenido; sin usted nos habríamos perdido. Sí! lo sé
bien, le respondí mirándolo fijamente”[9]
. Después de su estreno Berlioz siguió sin cobrar, e incluso se le quiso cambiar
el pago por la concesión de una cruz: “Yo
me c... en vuestra cruz”[10].
Finalmente y, tras la advertencia de organizar un escándalo si no se le pagaba
se le dio un cheque por su trabajo con el fin de evitarlo. La obra la dedicó
posteriormente al propio Gasparin.
LA
ORQUESTA UTILIZADA Y LAS VERSIONES EXISTENTES DE LA PARTITURA.
LA PARTITURA
Existen tres versiones de la obra. La primera data de 1838 y fue editada
por Maurice Schlesinger en Paris. La segunda, revisada por el propio autor la
editó Ricordi en 1854, y en ella Berlioz cortó diez compases del Quarens me y dos pasajes de aproximadamente 17 compases del Offertorium.
Estos cortes provocaron la perdida de las palabras “Culpa
rubet vultus meus” en el Quarens
me y en el Offertorium “de
ore leonis, ne absorbeat eas Tartarus, ne cadant in obscurum”.
En el ámbito instrumental, también hubo ciertos cambios con respecto
al original de 1838. En aquel se pedían cuatro “Ophicleïde
monstre à pistons”, pero en 1854 los reemplazó por seis tubas. Además de
esta variación, en determinados pasajes se substituyeron otros instrumentos;
en el Tuba mirum, y en la “Ier
Orchestre au Nord” el Ophicleïde monstre
se cambió por dos tubas; en la “4e Orchestre
au Sud” los 2 Oph. en Do se sustituyeron
por trombones, y los 2 en Sib
por 2 tubas; todos los trombones pasaron a ser tenores, los Tam tam y
Platos (3 pares) se cambiaron por 4 Tam tams y 10 Cinelli
(Platos). En Rex tremendae, 4
de cada instrumentos en las bandas de metal se cambiaron por 2, la ” 4e Orchestre” pasó a tener 2
pentagramas (no tres), con 4 Oph. doblados por 4 trombones en la nota
grave. En Lacrymosa, en la
“Ier Orchestre” el Ophicleïde monstre
se cambió por 2 tubas; en la “4e
Orchestre”, los 4 Oph. en Do
se cambiaron por 4 tubas. En el Sanctus
y Agnus Dei, los 4 Oph. en Do
se cambiaron por 4 tubas.
La última versión data de 1867, y fue editada en 1902, como parte de
la publicación de las obras completas nunca finalizada en vida del compositor.
Esta última versión es la que se utiliza en la actualidad, y es ésta sobre la
cual vamos a realizar nuestro trabajo. La versión elegida aquí es la editada
por Ernst Eulenburg, que es además copia facsímil de la versión de 1867.
El cambio producido en los instrumentos se debe sin duda, a que algunos
de ellos resultaban poco seguros en su afinación, por lo que se prefirió elegir
otros. Téngase en cuenta además, que muchos de estos instrumentos eran prácticamente
prototipos, ya que su construcción era muy reciente. No es de extrañar por lo
tanto, que se sustituyeran por otros considerados más fiables.
VOLUPTUOSIDAD INSTRUMENTAL Y SIGNIFICACION LITURGICA
La
Grande Messe des Morts, que hoy conocemos
como Réquiem, es una obra paradigmática
en la creación orquestal del romanticismo, siendo a su vez, una obra que, por
una parte inaugura un nuevo monumentalismo
orquestal, y por otra contiene el “legado
de la anterior música de la Revolución Francesa, cuando se utilizaban inmensos
grupos de instrumentos de viento y percusión unidos para las ocasiones públicas”[11].
El interés del compositor para conseguir una orquesta de enorme sonoridad le
llevó a realizar uno de los tratados de orquestación más importantes del romanticismo,
y uno de los tratados pioneros de la renovación instrumental. Es conocido su
interés por los trabajos realizados por Adolphe Sax. El uso del Arpa, el Clarinete
bajo y el Corno inglés, son varias de las novedades que se encuentran en sus
partituras y que hoy hemos asumido como normales, así como el uso de platos
de entonación determinada y un sinfín de otras novedades instrumentales que
merecerían estudio aparte.
El Réquiem es una de las obras
más importantes de su producción musical y el mismo decía de ella
- en su edad madura - que, si una obra tuviera que salvarse entre todas
las suyas elegiría el Réquiem. El uso instrumental de esta obra no se limita por tanto a
una simple orquestación,
sino que el uso instrumental se relaciona con las necesidades del propio
texto, convirtiéndose a su vez en símbolo de lo que la obra - mensaje - pretende
transmitir, a pesar de que en el pensamiento romántico “la palabra no es más que una simplificación, un banal expediente escogido
de la razón que permite a los hombres comunicarse sobre el plano lógico-concreto”[12]
. Sin duda el texto resulta de importancia secundaria, por encima de todo está
la música. Eso lleva a veces a contradicciones importantes en su interpretación,
algo que veremos cómo se plasma también en el Réquiem
que aquí estudiamos.
El efectivo instrumental requerido para la interpretación del Réquiem fue cuantioso, si bien no es únicamente en esta obra en la
que Berlioz utiliza un formato orquestal considerable. Hay que apuntar, sin
embargo, el hecho de que el uso de orquestas de considerable dimensión era habitual
en las obras corales realizadas en el entorno de la Revolución Francesa, por
lo que si Berlioz escogió dicha formación no lo hizo con una idea de renovación
- como a veces se interpreta en la actualidad -, sino como continuidad
renovada de la música coral inmediatamente anterior. No por ello las obras
de Berlioz dejaron de suscitar polémica, por una parte por la enorme necesidad
de medios instrumentales que la mayoría de ellas requerían, y por otra, la puesta
en escena de
una orquestación de sonoridad muy potente, que si bien resultaba natural
en la música de banda, no lo era, sin embargo, en la música sinfónica. Ello
le valió la repulsa de los críticos y una serie de caricaturas que reflejan
el ánimo que su música producía en los ambientes musicales de aquel entonces
(Apéndice, fig. 1 y 2).
Existe pues, en el Réquiem,
una necesidad de magnificación instrumental que, no solo se explica desde un
punto de partida puramente musical, en el que la comprensión del porqué se utiliza
dicha orquesta no quedaría claramente definida, sino que la necesidad expresiva
del texto litúrgico es llevada a su máximo esplendor mediante una disposición
poco usual. Para ello Berlioz utiliza una orquesta a 4 con algún añadido: 4
flautas, 2 oboes, 2 Cornos ingleses, 4 clarinetes, 12 trompas, 8 fagotes, 4
trompetas, 4 tubas, 16 timbales, Tambor redoblante en Sib, Gran caja, 4 Tam
tam, 10 Cinelli (Platos), cuerda, junto al Coro y el tenor solo. En el coro
se utilizan normalmente 210 intérpretes: “Sería
necesario un anfiteatro o un andamiaje con gradas delante del órgano donde estarían
todos los cantantes y sólo algunos instrumentistas. El resto de la orquesta
deberá situarse en la parte anterior del anfiteatro en el plano horizontal,
pudiendo colocarse simplemente sobre el suelo de la iglesia. Una puerta practicada
bajo el anfiteatro bastaría para el paso del cortejo, sin molestar a los ejecutantes”[13].
La orquesta y coros se situaban pues en la entrada de la capilla y no en el
altar, como hoy es habitual.
A esta orquesta, de por sí ya considerable, se le añadieron además cuatro
pequeñas orquestas de instrumentos de viento -
llamadas a menudo bandas -,
dispuestas en forma de cruz e integradas en el coro del siguiente modo:

Ejemplo
1
Cada
orquesta utilizaba los instrumentos siguientes:
Orquesta
1
4 trompetas, 4 trombones y 2 tubas
Orquesta
2
4 trombe[14]
, 4 trombones.
Orquesta
3
4 trompas, 4 trombones
Orquesta
4
4 trombe, 4 trombones y 4 tubas.
El uso instrumental, por tanto, tiene una clara significación simbólica,
sobre todo en el caso de las pequeñas orquestas
de viento, cuya distribución espacial pretende simular la cruz de Jesucristo.
Dichas orquestas, no son utilizadas a lo largo de la obra, sino en momentos
muy precisos y de importante necesidad expresiva. Dichas partes son el Tuba
Mirum y el Rex tremendae del Dies Irae;
el Lacrymosa del Quarens me, en el
Hostias de Domine Iesu Christe, y en el Agnus
Dei. Así pues, el uso orquestal completo
- con las cuatro pequeñas orquestas - se concreta en las partes en las
que el texto resulta más dramático, y donde se alude a Dios como creador y juez
único.
Un elemento que sin embargo no pasa en absoluto desapercibido es el del
uso de 8 pares de timbales, ya que en la época el sólo uso de cuatro instrumentos
era algo inhabitual. Sin embargo, el lugar donde los timbales son utilizados
con mayor densidad
es en el Tuba mirum, donde
la visión del juicio final precisa de una fuerza máxima. Dicho Tuba
Mirum será utilizado como ejemplo del uso de los timbales en su libro de
orquestación.
RELACION
ENTRE MUSICA Y PALABRA.
EN CUANTO A LA CONCEPCION MELODICA Y LITURGICA
EN BERLIOZ
En el romanticismo, y en concreto en los tiempos de Berlioz, la música
predominante en el ámbito eclesiástico, es decir, la que se oía relacionada
con el culto, era la de Palestrina y Victoria, y no había lugar para la música
religiosa de Mozart, Beethoven, etc., “brillante
y concebida de modo sinfónico”[15].
Por ello, la música romántica de carácter litúrgico es limitada, y era utilizada
únicamente en ocasiones especiales “sólo
eran audibles si se daba la acción concertada de los recursos más insólitos
de la música”. A pesar de todo, para Berlioz la composición del Réquiem
era algo más importante, es decir existía una dicotomía entre las necesidades
eclesiásticas del momento y las del hombre romántico, las cuales citara en sus
memorias “El texto del Réquiem fue para
mí una presa largo tiempo codiciada que por fin tenía entre mis manos, y sobre
la que me abalancé con una especie de furia. la cabeza estaba a punto de estallarme
por el esfuerzo de m i mente en ebullición [...]”[16]
Por otra parte, el número de obras con referencia explícita a la muerte
que el compositor posee es importante[17],
o por lo menos no es habitual. Sin duda, el texto tuvo para el autor una importancia
mayor a la que en sus propias memorias hace alusión, “no
hay una línea de división entre su vida y su música”[18].
Se añade además, el hecho de que su carácter apasionado hace que su música
se torne de un carácter extrañamente germánico, y se aleje del prototipo francés
de la época. Ya hemos advertido antes, que su música tuvo mayor éxito en aquel
país que en el suyo propio. Dicho apasionamiento lo manifestaba en sus memorias
cuando decía que “Mi cabeza parecía estar
a punto de estallar con mi pensamiento efervescente. Apenas estaba esbozado
el plan de un trozo, ya se presentaba el de otro; en la imposibilidad de escribir
tan rápido, había adoptado signos estenográficos que, sobre todo para el lacrimosa,
me prestaron un excepcional servicio”[19].
Para Berlioz, así como para el compositor romántico, “la
poesía, tiende a apropiarse del hombre, aunque es la música el aura sonora que
exprime los sentimientos humanos”[20].
Por otra parte, Berlioz “no era
creyente ortodoxo, y el significado cristiano del texto del réquiem significaba
menos para él que su interés dramático, las posibilidades de obtener un gran
diseño espacial y la tradición de Gossec y Leuseur que él deseaba seguir”[21],
eso es algo que se nota en su audición, lo que provoca unos contrastes dinámicos
y musicales que a veces rompen el sentido lineal del texto litúrgico, añadiendo
movimientos melódicos que a menudo resultan extraños, lo que provocó gran número
de críticas en su contra, tal y como la siguiente: “No
solamente M. Berlioz no tiene ideas melódicas, cuando una idea le llega,
no sabe tratarla, puesto que no sabe componer.... Decimos pues, que Berlioz
no sabe escribir, es decir, no sabe deducir de una idea melódica todas las consecuencias
que ella contiene; que el ignora el arte de modular, de dialogar, de hacerla
pasar sucesivamente del grave al agudo y del agudo al grave, de omitirla, de
reutilizarla, de encadenarla de mil formas y de formar un entrelazado armónico
donde se revelan la ciencia y la habilidad de los maestros”[22].
Con todo, el Réquiem se interpretó
a menudo fragmentado, sobre todo con posterioridad a
la fecha de su estreno, desvirtuando su ejecución “Sus
obras, llenas de expresión y de pasión, eran cortadas sin vergüenza,
hechas en pequeños fragmentos, desnaturalizados en su instrumentación,
hasta el punto de ser irreconocibles, desmembrados entre los movimientos de
forma desastrosa, desnaturalizados en suma sin los encadenamientos más simples,
los más indicados hacia el sentido”[23].
No obstante, lo que sus contemporáneos no supieron ver en él fue su originalidad
melódica, es decir, el inusual carácter de las líneas melódicas del compositor,
“su melodía, de una claridad, de una precisión
de sentimiento extraordinaria, parece nítida a todos los que la conocen y que
no la pueden explicar, al contrario de la resistencia del público y de sus maestros.
La razón es simple,
las formas melódicas de Berlioz poseen dos defectos considerables: la
originalidad y la distinción” [24].
Esa novedad melódica, junto a la irrefutable originalidad instrumental hacen
del Réquiem una obra insigne.
EL TEXTO Y LA MUSICA EN EL RÉQUIEM
El Réquiem se inaugura con
una introducción melódica en forma de escala ascendente, que progresa poco a
poco y de sonido en sonido hasta llegar - a partir de la nota Sol inicial (la
tonalidad es Sol menor)
- a completar la escala completa de Sol menor (con Do#). Una vez finalizada
dicha escala empieza el Texto en los bajos con la palabra Réquiem, mediante una arpegiación descendente de los sonidos Re-Sib-Sol-Mib,
algo que se repetirá en las siguientes entradas en forma canónica en las
sopranos y contraltos al unísono, y en los tenores, finalizando más tarde
en los bajos con la misma melodía. Junto a esas entradas canónicas en forma
de tema, va apareciendo simultáneamente una voz doblada por un instrumento de
madera que realiza una escala descendente de carácter cromático, la cual añade
el dramatismo que él propio texto precisa. Musicalmente se realiza de forma
parecida a la utilizada en el inicio, aunque invertida. (Ap. fig. 4). Sorprende
enormemente, su parecido - en un sentido puramente musical
- con el inicio de Der Freitschütz
de Weber, al cual adoraba Berlioz, y en cuya obra aludida se utiliza también
el mismo recurso de melodía ascendente para crear mayor tensión. (Ap. fig. 5).
En la parte inicial del Réquiem, sin embargo, predomina la dualidad entre la claridad y el
dramatismo ya enunciado en la primera palabra. Quizá sea coincidencia, pero
no deja de ser curioso que Schumann, un gran admirador de Berlioz, utilizara
también en el inicio de su Réquiem
un ritmo prácticamente idéntico al del inicio del Réquiem de Berlioz, si bien Schumann lo utiliza en las voces (Ap.
fig. 3) - por otra parte resulta natural en la dicción de la palabra réquiem
-.
A pesar de que en varias partes de la obra se utiliza a menudo la forma
fugada, estas no se comportan en ningún caso como una fuga propiamente dicha,
sino que ésta, aunque influenciada por el contrapunto de Reicha[25]
, su maestro, se desarrolla de forma libre. La repetición de la cabeza temática
en modo arpegiado - en el inicio -, será suficiente como para poder reconocer
las entradas de la voz claramente.
Por otra parte, la repetición de la palabra Réquiem,
se realiza tras una escala ascendente que tiene una función simbológica explícita
de elevación al cielo, y que resulta en su audición muy evidente. Algo que reafirma
esa intención de imitar el texto con la música, es el fragmento del
Luce at eis, (Ap. fig. 6), en la que una escala ascendente culmina con el
texto anteriormente mencionado.
En el Kyrie, no se mantiene
la repetición de 3-3-3 habitualmente utilizada en los textos litúrgicos renacentistas,
y la lamentación se convierte en una petición de perdón, como de loa
al altísimo desde el propio silencio. Contrasta sin embargo la parte intermedia,
en la que un juego rítmico de las voces revitaliza al texto, algo que por otra
parte parece no tener demasiada relación con la espiritualidad del mismo.
Réquiem
y Kyrie se unen pues en una sola
pieza, algo inhabitual en la música de réquiem, pero que Berlioz, cambia sin
el menor pudor, quizá por el hecho de que “en
materia formal Berlioz nunca se subscribe a procedimientos rígidos y mantiene
sólo una pequeña relación con los patrones heredados de la forma sonata. Intuición
y expresión son utilizados para dominar la espectación y las reglas. El desarrollo
temático es abundantemente irregular, y el balance tonal es raramene preorganizado”[26].
La parte del Dies Irae, es
también fraccionada en varios fragmentos, algo inusual, los cuales aluden directamente
a un texto preciso:

Ejemplo
2
En el Dies Irae y en el Quid
sum miser (números 2 y 3 de la partitura), Berlioz utiliza una orquesta
limitada - sólo cuerdas y madera -, mientras que en el Tuba
Mirum y el Rex tremendae utiliza
la orquesta completa junto a las 4 orquestas de viento. Entre ellos contrasta
a simple vista la instrumentación, desbordante en unas y extremadamente simple
en otras. Pero no solo la instrumentación resultará de extrema simplicidad,
sino que el lenguaje de tipo modal utilizado en el Dies
Irae y en el Quid sum miser,
conferirá a ambos fragmentos un carácter árido de melodía única, y resultará
ideal como alusión al dramatismo del texto, mientras que en contra, la fuerza
instrumental del Tuba mirum y el
Rex tremendae, resultará perfecta
para destacar el poder y la fuerza de Dios. En suma, el contraste entre los
fragmentos aludirá más que nada a la diferencia entre Dios y hombre, destacando
la magnificencia de uno y la pequeñez del otro.
El fragmento del Dies Irae
contiene tres partes de 67, 26 y 37 compases respectivamente. Todas ellas utilizan
una melodía en forma de cantus firmus, que será repetida a lo largo de todo
el fragmento y hasta el número 14 de la partitura (Ap. fig. 7)
Al final de cada una de las partes del Dies
Irae se realiza una escala cromática ascendente que conduce a Dios en las
alturas. Si bien el material musical es el mismo en cada uno de los fragmentos,
lo que las diferencia
es el continuo crecimiento de la densidad sonora, que culminará en la
aparición del Tuba mirum.
El Tuba mirum (Ap. fig. 8)
se inicia como una fanfarria que anuncia la entrada del texto y el Jucio Final,
a la vez que la magnificencia de quien sustenta el trono real. El fragmento
termina con un acorde de Mib realizado con 6 timbales, algo absolutamente insólito,
ya que nadie se había atrevido a utilizar hasta el momento un instrumental semejante.
Fragmentos de este tipo y con idéntico propósito serían a menudo utilizados
con posterioridad
por compositores como Wagner, Strauss, Mahler etc. (Ap. fig. 9). Sin
embargo, determinadas partes intermedias, como la de la Mors
stupebit, se alejan del contenido dramático del resto de la obra, causando
un cierto desconcierto en el desarrollo general de la pieza. Esta parte, se
utiliza como contraste intermedio, si bien el texto parece pedir otro desarrollo
musical. En el fragmento de Liber Scriptus
se retorna al inicio de nuevo del Tuba
mirum pero en la tonalidad de dominante.
En el
Quid sum miser, se retorna
de nuevo a la aparente calma del Dies Irae, ya que es de nuevo el hombre quien habla. El fragmento
es un continuo diálogo imitado por los instrumentos de cuerda y madera, pero
que se establece en realidad como un monólogo de los tenores. Para ello utiliza
la melodía del Dies Irae pero fragmentada
(Ap. fig. 10). El diálogo instrumental se halla continuamente fragmentado con
intervenciones de la orquesta, aludiendo al interrogante del propio texto.
En el Rex tremendae se retorna
de nuevo a la alusión de Dios con las palabras Rey
de tremenda majestad, por lo que su inicio es muy solemne y al estilo de
obertura francesa (Ap. fig. 11). El contraste mayor contraste con respecto al
inicio se encuentra en las palabras “de
profundo lacu”, cuyo texto es tratado musicalmente prácticamente de forma
literal, descendiendo hacia el grave, y denotando así la profundidad del lago
(Ap. fig. 12). El fragmento finaliza en la palabra “salvame”, en la que el coro va pasando de una voz a otra dicha palabra,
mediante un procedimiento canónico.
En el Quarens me que le sigue,
existe una idea de retorno al Quid sum
miser, si bien en esta parte únicamente participa el coro, y es de nuevo
una plegaria para pedir el perdón, de ahí su austeridad musical. El fragmento
se comporta como una fuga libres a tres voces, la cual se ampliará a 6 a partir
del “Ingemisco tanquam reus”.
El Lacrymosa, lejos de ser
un fragmento dramático, como se desprende del contenido del texto, es de carácter
afable, lo cual contrasta con el dramatismo que reina en la obra y que se rige
en su mayor parte por una adaptación plena al texto. Lo único que contrasta
y añade dramatismo en el fragmento son los ataques sincopados de los instrumentos
de cuerda, doblados por los de viento. Este fragmento es sin duda el más impersonal
de de toda la obra, y el que más se aleja del sentido espiritual que ella conlleva.
Sin duda, su acentuación y carácter denotan la falta de credibilidad en el texto,
y añaden un interrogante a la verdadera importancia de aquel para el autor.
El fragmento se articula como una gran fuga a 3 voces. (Ap. fig. 13).
A partir de la segunda repetición del Lacrymosa,
en el número 52 de la partitura, la tensión se va amplificando mediante el uso
de los timbales y el uso a su final de la orquesta completa junto a los grupos
instrumentales insertos en el coro. El contenido musical se mantiene, sin embargo,
en buena parte inalterable.
En el Offertorium se retorna
a la austeridad del Dies Irae (Ap.
fig. 14), y con él hay de nuevo un retorno al dramatismo del texto. Este se
articula en este tiempo mediante el balbuceo de las palabras Domine Iesu Christe acompañado de un diálogo continuo realizado por
la cuerda. El fragmento está tratado con una enorme exquisitez que contrasta
con el anterior Lacrymosa, y el texto
denota el temor del hombre al pedir el perdón. Lo sublime del fragmento es que
el coro únicamente realiza dos notas a lo largo de todo el Offertorium:
La y Sib. Sólo se perturban dichas notas en el fragmento final con el texto
“promisisti, Domine Jesu Christe”. La palabra Amén del final reutiliza de nuevo las notas La y Si.
Sin duda la realización del fragmento es asombrosa, y denota la sabiduría
compositiva de Berlioz, el cual conjuga la necesidad de interiorización a modo
de “mea culpa” mediante una única
entonación, que sólo será quebrada al final, ante la supuesta evidencia del
perdón.
El fragmento siguiente de Hostias,
denota ya la fase intermedia en la que el hombre alcanza el perdón mediante
la alabanza, y el carácter del fragmento lo plasma con absoluta claridad, es
“el famoso fragmento en que el coro masculino
oye el acorde final de cada frase, un eco que parece provenir del firmamento
mismo a causa del sonido ultraterreno de tres flautas altas y ocho trombones
bajos”[27].
El
coro realiza acordes mayores, y es contestado por acordes disonantes en los
instrumentos de viento. El fragmento posee un carácter extraño y lúgubre a pesar
de la ofrenda, carácter que contrasta con el fragmento ciertamente alegre del
Lacrymosa, a pesar de que los textos
son en realidad de parecido dramatismo, si bien parecen invertidos en su significación.
Ambos son los paradigmas expresivos de la obra.
En el Sanctus, para significar
la altura de Dios, los instrumentos se hallan en el registro agudo, a modo de
gran techo celestial, lo que provoca una ambientación musical de singular belleza
(Ap. fig. 15). El fragmento lo abre el tenor solo, con un motivo temático que
será repetido a lo largo de todo el fragmento, a excepción del solo. La parte
del Hosanna que le sigue, posee un
carácter absolutamente contrastante, en el que el registro es el
normal, ya que el texto es “bendito
el que viene en el nombre del señor”, por lo que en ningún caso es ya el
propio Dios a quien se alude, sino al hombre que se halla en la tierra (Ap.
fig 16). El fragmento se articula como una gran fuga a 3 voces. Posteriormente
se retorna de nuevo al Sanctus y
a su mismo carácter, incluso con las mismas notas. Tras él, de nuevo el Hosanna
es realizado de similar modo que el anterior, si bien se mantienen las notas
agudas en los instrumentos de cuerda, que nos llevarán a su vez hasta el final
del fragmento (Ap. fig. 17).
El Agnus Dei cerrará el Réquiem,
y lo hará con una serie de acordes, que aun sin pronunciar la palabra Amén,
ésta queda claramente explícita. El dialogo orquestal se mueve en una relación
de dos acordes, que son a su vez las dos sílabas del texto. El recurso instrumental
es, sin embargo,
el anteriormente utilizado en el Hostias.
No obstante, en la parte inicial se utiliza un eco entre los instrumentos de
madera e instrumentos de cuerda, si bien en la entrada del coro los elementos
de uso serán los mismos que en el Hostias.
La parte del Agnus Dei que
utiliza la repetición del mismo texto inicial (Te decet hymnus...)
conlleva también el uso de los mismos recursos musicales, y eso ocurre
a partir del número 94 de la partitura, ya que se repetirá prácticamente, y
de forma idéntica el fragmento del inicio (número 4), manteniendo así el mismo
efecto sonoro en la palabra Luceat eis, de lo cual ya habíamos hablado anteriormente. Sólo se
le añadirá algo distinto en la parte final, a partir del número 100, por la
obviedad de resaltar la palabra Amén,
en el que participaran
todos los instrumentos de la orquesta - incluidas las 4 orquestas integradas
en el coro - en
un pedal en el que predomina la tónica Sol Mayor.
PLANIFICACION
ARMONICA DE LA OBRA Y SENTIDO LITURGICO
Si bien anteriormente se ha ya mencionado que, Berlioz nunca planificaba
previamente los procesos cadenciales en sus obras, no hay duda de que hay algo
que salta a la vista, y es el hecho de que la obra se inicia en Sol menor y
termina en Sol Mayor. Algo es evidente, las tonalidades menores son utilizadas
por Berlioz, en los fragmentos de máxima flagelación, y en la alusión al hombre
como ser mortal, mientras que la alusión a Dios comporta siempre el uso de la
tonalidad Mayor. Obsérvese a continuación el plan armónico general de la obra:
Requiem-Kyrie
Sol m
bb
Dies
Irae
La m
Tuba
mirum
Mib M
bbb
Quid
sum miser
Sol# M
#####
Rex
tremendae
Mi M
####
Quarens
me
La M
###
Lacrymosa
La m-La M
###
Offertorium
Fa M
b
Hostias
Sol m
bb
Sanctus
Reb M
bbbbb
Agnus
Dei
Do M-Sol m- SolM
bb - #
En
él se observa claramente que, existe una compensación tonal interesante que
parte de Sol m hacia Mib M (Re# M) en el Tuba
Mirum, por otra parte fragmento de mayor intensidad orquestal y armónica,
para retornar progresivamente y mediante un retroceso tonal hacia el Offertorium
realizando de nuevo un paso tonal fuerte hacia el Reb en el Sanctus y terminando
en la dualidad Sol m-Sol M en el Agnus Dei. No vamos a realizar una pormenorización más detallada,
ya que creemos que ello sería trabajo de otro estudio. para ello nos remitimos
a lo ya dicho en la descripción de los fragmentos anteriores.
CONCLUSION
En
el Réquiem se denota la fusión entre
“[...] arte y vida. Berlioz concebía la
vida como una obra de arte, no en el sentido de Oscar Wilde, sino como un ‘romance
que me interesa profundamente’ [...], ningún fragmento de su música es ‘pura’,
autónoma o abstracta”[28]
. El Réquiem constituye en Berlioz
una prolongación del drama humano. Aun no siendo creyente, en él existe un subconsciente
que impregna todo su discurso, el cual va desde una organización tonal relacionada
- a pesar de lo dicho en su contra - y una relación intrínseca entre música
y texto más allá de la pura coincidencia. Sin embargo, la música de Berlioz
resulta extraña en su época: para los franceses resulta ajena, su música no
es la herencia de sus justos anteriores, él es un innovador, es distinto. Por
otra parte tampoco mantiene una relación directa con el mundo expresivo romántico,
como ocurre en Mendelssohn o Schumann, su música resulta más austera, si bien
es orquestalmente compleja.
Por el carácter francés de su persona, hizo que muchas de sus obras fueran
utilizadas como
música simple, descontextualizada del resto de la obra, algo que desde
el punto de vista romántico era inaceptable. También el programa de sus obras
era redactado con posterioridad a la obra, con lo que existía una dicotomía
creencial en el compositor, que se reflejaba también en su música, llena de
contradicciones, como acabamos de observar en el Réquiem.
En todo caso, como decía un crítico de su época “es el más sincero, el más emotivo, el más profundo de los artistas y
de los poetas del siglo XIX”[29].
Su música es sincera, y quizás eso era lo inusual en su época y ubicación. Pocos
compositores fueron tan honestos en vida y defendieron su punto de vista con
tanta ferocidad. Fue precisamente éste el motivo de que fuera relegado a un
segundo plano.
BIBLIOGRAFIA
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Añade
una detallada bibliografía sobre el compositor.
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Robertson,
A. y Stevens, D.:
Historia General de la música. Madrid
1979. Ed. Alpuerto.
INTROITO
Requiem
aeternam dona eis Domine: et lux perpetua luceat eis. Te
decet hymnus, Deus, in Sion, et tiói reddetur votum in lerusalem; exaudi orationem
meam, ad te omnis caro veniet. Requiem....
Dales
el eterno descanso, Señor, y resplandezca para ellos la luz indeficiente. En
Sión debes ser alabado, oh Dios; en Jerusalén se te han de ofrecer votos; atiende
a mi oración; toda carne vendrá a Ti. Dales...
KYRIE
Kyrie
eleison, Christe eleison, Kyrie eleison
Señor,
misericordia, Cristo, misericordia, Señor, misericordia.
DIES
IRAE
Dies
irae, dies illa, solvet saeculum in favilla: teste David cum Sibylla. Quantus
tremor est futurus, quando iudex est venturus, cuncta stricte discussurus! Tuba
mirum spargens sonum, per sepulcra regionum, coget omnes ante thronum. Mors
stupebit et natura, cum resurget creatura, ludicanti responsura Liber scriptus
proferetur, in quo totum continetur, unde mundus judicetur. Iudex ergo cum sedebit,
quidquid latet apparebit, nil inultum remanebit. Quid sum miser tunc dicturus?
Quem
patronum rogaturus cum vix iustus sit securus? Rex tremendae maiestatis, qui
salvandos, salvas gratis, salva me, fons pietatis.
¡Día
de ira, aquel día, reducirá el mundo a pavesas! Testigo David con la Sibila
* Alude al oráculo de la Sibila eritrea, sobre el fin del mundo*. ¡Cuánto temblor
ha de haber cuando el Juez ha de venir a examinarlo todo estrictamente! Una
trompeta esparciendo sonido maravilloso por los sepulcros de las regiones congregará
a todos ante el trono. Muerte y naturaleza quedarán atónitas cuando resuciten
los hombres, para responder al Juez. Abriráse el Libro escrito en que todo se
contiene, por donde el mundo será juzgado. Luego, pues, que el Juez se siente,
quedará patente todo lo oculto: no quedará delito sin castigo. ¿Qué diré yo
entonces? ¿A qué abogado rogaré cuando apenas el justo estará seguro? Rey de
tremenda majestad, que a los escogidos salvas por pura gracia, sálvame, fuente
de piedad.
RECORDARE
Recordare,
Iesu pie, quod sum causa tuae viae, ne me perdas illa die. Quaerens
me sedisti lassus, redemisti crucem passus, tantus labor non sit cassus. Iuste
iudex ultionis, donum fac remissionis, ante diem rationis. Ingemisco
tamquam reus, culpa rubet vultus meus, supplicanti parce, Deus. Qui Mariam absolvisti,
et latronem exaudisti, mihi quoque spem dedisti. Preces meae non sunt dignae,
sed tu bonus fac benigne, ne perenni cremer igne. Inter oves locum praesta,
et ab haedis me sequestra statuens in parte dextra Confutotis maledictis, flammis
acribus addictis: voca me cum benedictis. Oro supplex et acclinis, cor contritum
quasi cinis, gere curam mei finis. Lacrimosa dies illa, qua resurget ex favilla,
iudicandus homo reus. Huic ergo, parce Deus. Pie lesu Domine, dona eis requiem.
Amen.
Acuérdate, Jesús piadoso, que por mí bajaste al mundo, no me pierdas
en aquel día. Fatigado en buscarme, te sentaste; clavado en la cruz, me redimiste,
no sea inútil tanto trabajo. Justo juez de la venganza: concédeme el perdón
antes del día de la cuenta. Gimiendo estoy como reo, enrojece mi rostro por
mis culpas; perdona, ¡oh Dios!, te lo suplico. Pues a María absolviste, y atendiste
al ladrón, esperanza me infundiste. No son dignas mis plegarias; mas Tú, bueno,
haz, benigno, que no me abrase en fuego eterno. Ponme entre tus ovejas, de los
cabritos apártame, colocándome a tu diestra. Rechazados los malditos, y a terribles
llamas condenados, llámame con los benditos. Ruego, suplicante y postrado, deshecho
el coraz6n como ceniza cuida Tú de mi dichoso fin. Lacrimoso aquel día en que
resucitará el polvo, para ser juzgado el hombre reo. Perdóname, pues, ¡oh Dios!
¡Piadoso Jesús, Señor dales el descanso! Amén.
DOMINE
IESU CHRISTE
Domine
lesu
Christe, Rex gloriae, libera animas omnium fidelium defunctorum de poenis
inferni et de profundo lacu: libera eas de ore leonis, ne absorbeat eas tartarus,
ne cadant in obscurum: sed signifer Sanctus Michael repraesentet eas in lucem
sanctam: Quam olim Abrahae promisisti et semini eius. Hostias et preces tibi,
Domine, laudis offerimus: tu suscipe pro animabus illis, quarum hodie memoriam
facimus: fac eas, Domine, de morte transire ad vitam. Quam
olim Abrahae promisisti et semini eius.
Señor
Jesucristo, Rey de la Gloria! Libra a las almas de todos los fieles difuntos
de las penas del infierno y del lago profundo; líbralas de la boca del león,
no las trague el abismo, ni caigan en las tinieblas; mas el príncipe San Miguel
las lleve a la luz santa que en otro tiempo prometiste a Abraham y a sus descendientes.
Ofrecémoste, Señor, hostias y súplicas de alabanza; recíbelas Tú por las almas
de quien hoy hacemos memoria. Haz, Señor que pasen de la muerte a la vida que
en otro tiempo prometiste a Abraham y a sus descendientes.
SANCTUS
La
triple alabanza tomada de Isaías, 6, 3. Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus
Sabaoth. Pleni sunt coeli et terra, gloria tua. Hosanna
in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis.
Santo,
Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos. Llenos están los cielos y la tierra
de tu Gloria. Hosanna en las alturas. Bendito el que viene en el nombre del
Señor. Hosanna en las alturas.
AGNUS
DEI
Agnus
Dei, qui tollis peccata mundi, dona eis requiem, sempiternam. Lux aeterna luceat
eis, Domine, cum sanctis tuis in aeternum quia pius es. Requiem aeternam dona
eis, Domine et lux perpetua luceat eis.
Cordero
de Dios, que quitas los pecados del mundo, dales el descanso siempre eterno.
Alúmbreles, Señor, la claridad eterna: Con tus Santos para siempre, pues eres
piadoso, Dales, Señor, eterno descanso y resplandezca sobre ellos la luz indeficiente:
Con tus Santos para siempre, pues eres piadoso.
Notas
[1] Coerne, L. Adolphe: The Evolution of Modern Orchestration. New York1979. Ed. Macmillan. Pág. 89.
[2] Ibídem.
[3] Einstein, Alfred: La música en la época romántica. Madrid 1991. Ed. Alianza. Pág. 135.
[4] El estudio del pensamiento romántico conllevaría un estudio aparte, por lo que no vamos a ampliar el tema, a excepción de lo concerniente a la obra aquí analizada.
[5] Se refiere a Meyerbeer, mendelssohn, Lipinski, etc.
[6] Berlioz, Héctor: Mis memorias. Buenos Aires 1945. Ed. Schapire. Pág. 209.
[7] Hughes, Philip: Síntesis de historia de la Iglesia. Barcelona 1981. Ed. Herder. pág. 281.
[8] En algunas biografías se citan 4000 francos en vea de los 3000 aquí aludidos. Optamos por aceptar esta última cifra, por ser la que el propio Berlioz cita en sus Memorias.
[9] Berlioz, Héctor: Mis memorias. Buenos Aires 1945. Ed. Schapire. Pág 181.
[10] Ibídem. Pág 183
[11] Stanley, Sadie: The New Grove Dictionary of Music. Londres, 1981. Ed. Mac Millan.
[12] Collisani, Amalia: Música e simboli. Palermo 1988. Ed. Sellerio editore. Pág. 78.
[13] Barraud, Henry: Héctor Berlioz. Madrid 1994. Ed. Alianza Música. Pág. 151.
[14] Hemos dejado aquí el nombre de Trombe, para diferenciarlo claramente del de Trompas, ya que se trata de un instrumento parecido, pero con un mecanismo de pistones y cilindros especial. La tesitura del instrumento - hoy no utilizado - era aproximadamente la de la trompa, si bien podía realizar sonidos más agudos. A dicho instrumento lo describe Berlioz en su tratado de Orquestación.
[15] Einstein, Alfred: La música en la época romántica. Madrid 1991. Ed. Alianza. Pág. 160.
[16] Ibídem. Pág. 161.
[17] Además del Réquiem tiene en su catálogo obras con los siguientes títulos: Grande symphonie funèbre et triomphale, la Marche funèbre pour la dernière scene d’Hamlet, La mort d’Orphélie: ballade.
[18] Stanley, Sadie: The New Grove Dictionary of Music. Londres, 1981. Ed. Mac Millan.
[19] Berlioz, Héctor: Mis memorias. Buenos Aires 1945. Ed. Schapire. Pág 178.
[20] Collisani, Amalia: Música e simboli. Palermo 1988. Ed. Sellerio editore. Pág. 76.
[21]Macdonald, Hugh: Berlioz. Buenos Aires 1989. Ed. Javier Vergara. Pág. 148.
[22] De Massougnes, Georges: Berlioz, son oéuvre. París, 1870. Ed. Richault, E. Dentu. Pág. 51.
[23]Ibídem. Pág. 37.
[24]Ibídem. Pág. 55.
[25] Reicha fue a parte de profesor suyo, un teórico que escribió un tratado de contrapunto, en el que se describe la técnica tradicional, desde su propio ángulo de visión.
[26] Stanley, Sadie: The New Grove Dictionary of Music. Londres, 1981. Ed. Mac Millan.
[27] Macdonald, Hugh: Berlioz. Buenos Aires 1989. Ed. Javier Vergara. Pág. 150.
[28] Macdonald, Hugh: Berlioz. Buenos Aires 1989. Ed. Javier Vergara. Pág. 101.
[29] De Massougnes, Georges: Berlioz, son oéuvre. París, 1870. Ed. Richault, E. Dentu. Pág. 55
EJEMPLOS
Figura 1

Figura 2

Figura 3. Réquiem de Schumann

Figura 4


Figura 5. Der Freitschütz de Weber

Figura 6

Figura 7

Figura 8

Figura 9. Sinfonía núm. 1 de G. Mahler

Figura 10

Figura 11

Figura 12

Figura 13

Figura 14

Figura 15

Figura 16

Figura 17

Figura 18
